El miedo a la verdad

Creo que si queremos llegar a ser grandes periodistas debemos hacer todo lo posible por llegar al fondo de los asuntos que preocupan a la sociedad. Si yo decidí estudiar esta carrera y no otra fue porque quería hacer algo por los demás, porque deseabaa narrar sus historias pero sobre todo porque quería relatar su verdad.

Pienso que, hoy en día, la mayoría de los medios de comunicación están viciados. Unos porque sus directivos han perdido la ilusión y los ideales que les llevaron a querer luchar por un mundo mejor; otros porque se sienten coaccionados por diversas factores (presión anunciantes, ideología del propietario, miedo a futuras repercusiones, escasez de tiempo, etc.; y finalmente, aquellos que temen ser atacados por organizaciones corruptas.

Pienso que es necesaria una vida más justa, menos turbia y, por ello, no podemos perder la motivación que nos llevó a ir en búsqueda de la verdad, ya que, desde nuestra profesión podemos hacer mucho por ayudar a los demás.

Me entristece que todo aquello en lo que creía no haya sido más que un espejismo de años pasados porque, en la actualidad, ya no existe casi ningún medio en el que poder expresarse libremente .

Nuestro objetivo como periodistas no es enriquecerse. Si algo aprendes cuando estás estudiando es que rico no te harás y que la vida de un experto en la información no es cómoda, precisamente. Hay muchos momentos en los que te ves forzado a callar porque al medio no le interesa meterse en problemas o porque tu vida está en juego.

Es un ejercicio duro y requiere profesionales dispuestos a entregar su vida por los demás, como es el caso, del corresponsal de guerra . No debemos esperar a que las cosas ocurran, debemos anticiparrnos y evitar que sucedan. De nada sirve ocultar. Si no nos ponemos al servicio del “pueblo” nuestra profesión carece de sentido.

Me sorprende el miedo que existe a contar la verdad. ¿De qué nos sirve ser libres sino podemos expresar libremente lo que pensamos? Es absurdo. Supongo que se puede deducir que ya nadie cree en nada ni nadie y, por supuesto, mucho menos confía

Es triste que la gente ya no crea en nuestra profesión y que tantas personas hayan perdido sus vidas por algo que parece no existir como es la libertad de expresión. De qué sirve la democracia si aquí nadie dice lo que piensa.

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