Hasta qué punto es buena nuestra evolución

Actualmente vivimos en la era de la información pero no como antaño ,hoy en día, se publica mucha más de la que  podemos llegar a asimilar. Y son muchas las ocasiones en las que me pregunto si realmente es bueno dar publicidad a hechos que predican el mal.

Día tras día llegan a  las redacciones de los diarios o a nuestras webs noticias sobrecogedoras de personas que han decidido tomarse la ley por su mano y realizar toda clase de actos bandálicos tales como: asesinatos, violaciones, robos, secuestros, etc.

Al leer las noticias nos horrorizamos pensamos: ¿Cómo ha podido llegar a esto tal persona? pero pasados unos minutos, todo lo que hemos leído se nos olvida y seguimos con nuestra rutina diaria como si nada hubiese pasado.  Y yo me pregunto ¿Hasta qué punto es bueno dar a conocer a estos criminales?

El ser humano por naturaleza está predestinado a equivocarse y sobre esta base nos apoyamos  para justificar nuestros errores. Esta situación es vergonzosa, simulamos que nos preocupa, que estamos indignados, que vamos a hacer algo y luego que, luego nada.

Deberíamos dejar de juzgar a las personas y preocuparnos más por lo que les sucede. Nadie llega a tales extremos si no ha pasado por una situación difícil. “El hombre y sus circunstancias” con este mítica cita lo digo todo.

Deberíamos dejar de hablar tanto y preguntarnos más acerca de lo que podemos hacer por los demás porque, sólo de este modo, salvaguardaremos nuestro legado y nuestra conciencia social.

Menos charlatanería y más políticas sociales, menos juzgar a las personas que han sufrido las consecuencias de nuestro sistema económico y político y más ayudas sociales, menos legalidad para el aborto y más ayudas a las familias, menos multas y más control.

Es muy fácil juzgar desde la distancia pero cuando uno pasa por tanto sufrimiento de nada le sirven las palabras de consuelo, ya que lo único que, en cierto modo, puede aliviar sus penas es ver como el mal se castiga.

¿Por qué nunca se publican noticias de gente que hace las cosas bien sino todo lo contrario? Deberíamos empezar a premiar a la gente que se lo merece, dar ejemplo y reconocer sus méritos públicamente y por otro lado, castigar a aquellas personas que prefieren saltarse las normas e ir por la vía fácil, aislándolos socialmente.

Deberíamos volver a nuestras raíces donde la ignorancia y el mal estaban duramente castigados. Deberíamos volver a poner orejas de burro a los ignorantes, cadenas perpetuas a los asesinos, pasear a los adúlteros en carros tirados por mulas.  Sólo de este modo acabaríamos con tanto mal y tanta corrupción.

 

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